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Ante todo son incondicionales. Saben que estamos tristes con sólo ver qué traemos puesto. Son expertas a la hora de descifrarnos. "¿Estás segura de que a vos no te pasa nada?", es la frase con la que suelen interrumpir nuestros pensamientos. Y es que en un punto, la amiga del alma cree conocernos más que nosotras mismas; y desde ese lugar, nos quiere, nos reta, nos cuida. A cambio, le perdonamos todo. ¿Cómo vamos a pelearnos con esa hermana que elegimos, con esa mujer que será testigo de casamiento; madrina de nuestros hijos; cómplice a la hora de los excesos y paño de lágrima de todas las angustias?.

Alejandra K. había crecido a dos casas de Romina L. Se conocían desde siempre. Cumpleaños, navidades, virus, exámenes, lo habían compartido casi todo. Eran un verdadero equipo hasta que un verano, ya casadas y con hijos, decidieron pasar las vacaciones todos juntos. "Como cuando éramos chicas y nos íbamos de campamento", gritaban mientras saltaban de alegría y empezaban a fantasear con las fogatas en la playa a la luz de la luna; los campeonatos de póker y las tardes de lluvia enhebrando collares de caracoles junto a sus hijas.

Semanas de preparativos. De llamadas telefónicas para ultimar detalles. De encuentros para organizarlo todo. Los chicos se llevaban bien, los maridos se llevaban bien, qué más podían pedir. Encima habían alquilado dos casas linderas frente al mar. Ni siquiera la convivencia hogareña podía poner en peligro la estadía.

Solo había un tema que inquietaba a Alejandra: Romina siempre se había quejado de que su marido era muy celoso. Es más, conociendo a su amiga, había sospechado que en un punto lo provocaba con otros como parte de un juego de pareja. Pero también era cierto que ella nunca había observado una escena. Y creyó que ese tema lo seguirían manejando en privado durante las vacaciones y no sería motivo de ningún incidente.

Hacía dos o tres día que habían llegado, cuando Alejandra notó que Romina estaba coqueteando con su esposo. No sólo festejaba todas sus ocurrencias, sino que halagaba su bronceado y cada vez que él se levantaba para ir al mar, ella decidía acompañarlo. Alejandra no podía creer lo que estaba viendo. Al principio pensó que era un tema de ella, pero cuando se animó a compartirlo con su pareja, él le confesó que se sentía acosado por su amiga del alma.

¿Desconfiarías de tu mejor amiga? ¿La dejarías seguir con su juego? ¿Qué harías?

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carmen perez Comentario por carmen perez el agosto 25, 2008 a las 7:47pm
bueno amigas mias su marido una no puede confiarselo a nadie porque eso disque de amiga fiel no existe ya que cuando tiene la opurtunidad le guillan el ojo, yo he escuchado muchas anecdotas en cuanto a eso se refiere, el marido de una solo se debe confiar con
nuestra mama y punto.

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